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Los cuatro hermanos


                        ADAPTACIÓN  LIBRE DE CUENTO TRADICIONAL  ESPAÑOL















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                                                                                                                   más egoísta
                                                                                                            ¿Qué soy?             EL YO.YO








                                                                                                                  La pulpa no los tiene,
                                                                                                                  el asado por doquier

                                                                                                              ¿Qué son?          LOS HUESOS







           Un zapatero tenía cua-  padre, es un oficio honra-  —He aprendido a robar,  chocó con el barco y casi
        tro hijos que deseando  do.                     pero no soy un ladrón or-  lo destroza,  cuando ya se      Aunque soy más
        buscar su fortuna por el   —Pero yo no soy un   dinario; solo pienso en la  hundía el zapatero dijo:
        mundo, dijeron un día a  zapatero vulgar, respon-  cosa que deseo tener y esa  ‘¡Remiéndate!’ y el barco   pequeño que los demás,
        su padre que iban a em-  dió Julio,—remiendo a la  cosa viene por sí misma a  fue remendado.        si estoy motivado y
        prender un viaje, con el  perfección, no tengo más  mis manos.             Apenas regresaron al
        fin de concretar su aspira-  que decir  ‘¡Remiéndate!’  Como había querido  reino, empezaron los her-  contento me levanto
        ción.                   y las cosas viejas quedan  ver la ardilla muerta por  manos a discutir.
           —Muy bien,—dijo el   como nuevas.            Enrique, el padre retó al  —Yo he hallado a la      más que todos
        zapatero y dio a cada uno  El padre, dudando de  astrólogo:—¿Dónde está  princesa,—dijo el astrólo-   ¿Qué soy?
        un caballo y cien euros  lo que decía su hijo, le dio  la ardilla?—Debajo de  go,—por lo tanto debe ser
        para la jornada. Los jóve-  un par de zapatos viejos.  aquel árbol,—respondió  mi esposa.
        nes se despidieron de su  Julio los tomó, los puso en  Ramón. Enseguida Felipe,  —De ninguna mane-                                   EL DEDO PULGAR
        padre y partieron en bus-  frente y ordenó: ‘¡Remién-  el ladrón, pensó en la ar-  ra,—respondió el la-
        ca de fortuna.          date!’ Al instante los za-  dilla y el animal apareció  drón,—la mano de la prin-
           Caminaron algún tiem-  patos se convirtieron en  al instante sobre la mesa.  cesa es mía porque yo se
        po y al llegar a una encru-  otros relucientes y casi  El viejo zapatero esta-  la robé al dragón.
        cijada donde partían cua-  nuevos. El atónito padre  ba muy contento y orgu-  —¡Necios!—exclamó
        tro caminos, el hermano  exclamó:—¡Excelente,   lloso de las habilidades de  el cazador,—yo debo ser
        mayor dijo:             has aprendido más en To-  sus hijos.            el marido de la princesa
           —Hermanos míos, se-  ledo que en la escuela!    Un día los cuatro her-  porque maté al dragón. A
        parémonos; cada uno        Entonces el viejo za-  manos supieron que la  lo que el zapatero replicó
        tome un camino, busque  patero preguntó: Y tú, Ra-  princesa Eulalia, la única  coléricamente: —La prin-
        su fortuna y después de  món ¿qué has aprendi-  hija del rey, se había per-  cesa debe ser esposa mía
        un año nos reuniremos   do?—Padre mío, estuve   dido. El rey ofreció su rei-  porque yo remendé el bar-
        otra vez aquí.          en Madrid y estudié para  no y la mano de su hija al  co y sin mi ayuda todos
           Los cuatro caminos   astrólogo, soy un astrólo-  caballero que pudiese ha-  ustedes estarían muertos.
        conducían a cuatro ciuda-  go extraordinario. No  llarla y traerla al palacio.  Después de mucha dis-
        des muy hermosas, adon-  hago más que ver el cielo  Los hermanos fueron al  cusión y sin poder arre-
        de llegaron los hermanos.  para saber inmediatamen-  palacio y dijeron al rey que  glar nada, los hermanos
        El mayor aprendió el ofi-  te lo que sucede sobre la  podían hallar a la prince-  decidieron ir a ver al rey a
        cio de zapatero, el segun-  tierra.             sa. El monarca, muy con-  su palacio y manifestaron:
        do estudió para astrólo-   —¡Maravilloso!—ex-   tento, les repitió su pro-  —Vuestra Majestad deci-
        go, el tercero logró ser un  clamó el padre. Dirigién-  mesa.           da quién de nosotros debe
        buen cazador y el herma-  dose a su tercer hijo Enri-  Durante la noche el as-  casarse con la princesa.
        no menor se convirtió en  que, quiso saber: —¿Qué  trólogo miró al cielo y vio  —Muy bien,—dijo el
        ladrón.                 oficio has aprendido Enri-  en una isla lejana a la prin-  rey,—la cuestión es muy
           Después de un año los  que?—Soy cazador, pero  cesa, a quien un dragón  simple: he prometido la
        cuatro se reunieron en la  un cazador sorprendente.  tenía prisionera. Los cua-  princesa al caballero que
        encrucijada. El hermano  Cuando veo a un animal  tro hermanos después de  la encontrase. Por lo tan-
        mayor dijo: “Todos esta-  no hago más que decir:  un largo viaje llegaron a la  to ella debe casarse con el
        mos sanos y salvos y cada  ‘¡Muérete!’ y el animal  isla. Cuando el ladrón vio  astrólogo. Pero como cada
        uno ha aprendido a hacer  muere enseguida.      a la princesa que paseaba  uno de ustedes ayudó a la
        algo.” Y juntos regresaron  El padre, viendo una  por la playa, exclamó: —  salvación, cada uno debe
        a la casa paterna. El pro-  ardilla lo desafió:—Mata  ¡Deseo a la princesa en  recibir la cuarta parte de
        genitor se puso muy con-  aquella ardilla y creeré lo  nuestro barco!—e inme-  mi reino.
        tento al verlos llegar y  que dices.            diatamente la joven estu-  Los hermanos, muy sa-
        pidió a sus hijos que le   Enrique dijo: ‘¡Muére-  vo en el barco; pero como  tisfechos con esta distri-
        contaran sus aventuras.  te!’ y la pobre ardilla cayó  el dragón vio lo sucedido,  bución, vivieron felices en
           Julio, el mayor, relató  muerta.             con rugido terrible se pre-  sus reinos. Cada vez que
        que había estado en Tole-  Finalmente el zapate-  cipitó sobre el barco. El  nacía un descendiente los
        do y había aprendido a  ro preguntó a su hijo me-  cazador exclamó al instan-  tres solteros aumentaban
        desempeñarse como  za-  nor Felipe:—¿Qué oficio  te: ‘¡Muérete!’ y el dra-  los impuestos para com-
        patero.                 has aprendido tú?       gón cayó muerto en el   prar magníficos regalos
           —Muy bien,—dijo su      Se animó a responder:  agua. Al caer el dragón  para el recién nacido.
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