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La voz de Ma’Zuli: la abuela

             que habló con el sol y la lluvia



             CUENTO  INSPIRADO EN HISTORIAS  TRADICIONALES AFRICANAS
                                                                                                        el fuego, y las llamas se  ingenio venció al ham-
                                                                                                        agitaron como si algo   bre y cómo la risa pudo
                                                                                                        invisible las tocara.   más que el miedo.
                                                                                                           —Una vez —conti-        Los niños guardaron
                                                                                                        nuó la abuela—, Hlaka-  silencio.
                                                                                                        ñana caminó por la sa-     El fuego crujía, el
                                                                                                        bana después de haber   viento susurraba entre
                                                                                                        enfurecido a los caza-  los árboles, y por un
                                                                                                        dores del norte.        instante pareció que en
                                                                                                           No llevaba más que   la oscuridad se oía una
                                                                                                        un palo y su hambre.    flauta lejana, hecha de
                                                                                                           El sol le quemaba la  hueso y viento.
                                                                                                        espalda, y los chacales    —Cuando escuchen
                                                                                                        lo seguían a lo lejos.  esa música —dijo Ma’Zuli
                                                                                                           Esa fue la noche en  apenas en un murmu-
                                                                                                        que se encontró con la  llo—, sabrán que Hlaka-
                                                                                                        Liebre de las mil orejas.  ñana anda cerca, bus-
                                                                                                           Pero esa, niños      cando a quién enga-
                                                                                                        míos, es otra historia,  ñar... o a quién ense-
                                                                                                        la historia de cómo el  ñar a pensar.-

                                                                                                         Ma’Zuli, la guardiana del fuego
                                                                                                            Dicen que en un po-  voz de los antepasados.
                                                                                                         blado escondido entre     Cuando el sol se
                                                                                                         las colinas rojas del sur  hunde detrás de las
                                                                                                         de África vive una mu-  montañas y el aire hue-
                                                                                                         jer que recuerda el prin-  le a madera encendi-
             En nuestra entrega anterior presen-        niños, uno por uno.        —Dicen que Hlaka-     cipio del mundo.       da, Ma’Zuli se sienta
             tamos una serie de narraciones que            —No somos los úni-   ñana no nació como          Nadie sabe exacta-  junto al fuego. Los ni-
             recogen las tradiciones orales afri-       cos que guardamos his-  nacen los hombres.       mente cuántos años     ños corren a su alre-
             canas; en ese primer cuento los            torias en el corazón —     Nació de una risa y   tiene. Algunos dicen   dedor, porque saben
             acercamos al pueblo yoruba y a la          asegura—.               de un trueno, en una     que estuvo allí cuando  que cuando ella le-
                                                                                                                                vanta su bastón y ca-
                                                                                                         el primer niño apren-
                                                           En el otro lado del
                                                                                noche sin luna.
             tribu de Egba. A partir de hoy conti-      mar, los pueblos de        Su madre era una      dió a reír; otros juran  lla, la noche empieza
             nuaremos compartiendo esas voces           América también ha-     mujer hermosa, pero      que la vieron conversar  a hablar.
             ancestrales a través de la mejor           blaban con los montes   curiosa, y quiso saber   con Nelson Mandela        Su voz es profun-
             contadora: Ma’Zuli, guardiana del          y las estrellas.        el secreto que los dio-  bajo la sombra de un   da, mezclada con are-
             fuego y la palabra de los antepasa-           Sus sabios, como los  ses guardaban en las    baobab en una tarde de  na y miel. A veces ríe,
                                                                                                                                otras tiembla como si
                                                                                                         viento dorado.
             dos, quien irá tejiendo sus historias      nuestros, conocían el   tormentas.                  Todos coinciden en  el pasado soplara a tra-
             desde la creación del hombre.              nombre del trueno y        Esa noche, mientras   algo: Ma’Zuli guarda la  vés de ella.-
                                                        del jaguar.             todos dormían, salió al
           Dicen que cuando     su hijo dormido.           Ellos tienen sus hé-  campo con una vasija
        Ma’Zuli era joven, el      En aquellos tiem-    roes, nosotros los nues-  para recoger agua de
        gran Nelson Mandela     pos, los animales habla-  tros.                 lluvia… y cuando el pri-
        todavía caminaba en-    ban, los árboles cami-     Y hoy les contaré    mer relámpago cayó,
        tre los hombres, y que  naban, y el agua tenía  sobre uno de ellos:     una chispa viva se me-
        ella fue una de las mu-  memoria.               Hlakañana, el astuto    tió en la vasija.
        jeres que lo escuchó ha-   Hubo grandes se-     que burló a los mons-      Cuando miró den-
        blar de libertad bajo el  quías, cuando la tierra  truos.               tro, vio un niño dimi-
        cielo de Qunu.          se abrió de sed, y los     El fuego crepita.    nuto, de piel brillante y
           Ahora, sus cabellos  hombres aprendieron a      Las chispas suben    ojos astutos, que ya
        son tan blancos como    rezarle al cielo con los  como palabras al cielo.  sonreía como si cono-  O   O   R   R   E    C   E   R   T   N   E
        la espuma del mar, y su  brazos   extendidos       La abuela sonríe y   ciera todos los trucos    S   I   E   A   T    U   A   L   F   A  M
        voz suena como el vien-  como ramas.            añade:                  del mundo.                I   N   A   Z   C    U   N   M   L   S   A
        to que sopla entre las     Y llegaron lluvias      —Cada cuento que        Así llegó Hlakañana,
        cañas cuando llega la   eternas, cuando los ríos  escuchen esta noche   el que engaña y sobre-    O   E   Ñ   S   E    L   A   C   A   H   C
        tarde.                  crecieron tanto que se  nació de la tierra y del  vive, el que ríe en la  E   G   O   I   O   N    B   L   S   S   O
           Cada noche, los ni-  llevaron aldeas ente-   corazón del hombre.     cara del peligro.         T   N   E   G   D    T   L   E   O   A   R
        ños se sientan a su al-  ras, y las mujeres can-   No importa si vino      Ma’Zuli hizo una       O   I   A   E   E    E   U   U   S   Z   R
        rededor para oírla con-  taron para que el sol  del África o del otro   pausa. El fuego se re-
        tar lo que nadie ha es-  las escuchara y volvie-  lado del mar, porque  flejaba en sus pupilas.   R   O   L   N   R    U   R   T   A   A   E
        crito: la historia del co-  ra a secar la tierra.  todas las historias ca-  —Creció rápido,       R   A   G   T   A    T   F   B   S   S   C
        mienzo de las cosas.       Los pueblos de África  minan con la misma    más rápido que las ca-    O   O   S   A   S   Ñ    A   I   A   A   E
           Ma’Zuli se acomoda   —continúa Ma’Zuli—,     luna.                   labazas en la estación
        su manto de colores y   aprendieron a vivir en-                         de lluvias.               P   E   A   N   P    R   A   L   D   L   R
        mira el fuego.          tre los soles que arden y  La primera historia     Nunca se quedaba       S   T   O   I   R   M    L   K   C   A   T
           Las chispas suben al  las lluvias que caen.     El nacimiento        quieto.                   I   M   P   U   N    I   A   N   A   C   N
        cielo como pequeñas        Aprendimos a escu-      de Hlakañana            Burlaba a los guerre-
        estrellas, y entonces   char el lenguaje del                            ros, engañaba a los ani-  H   S   S   S   M    A   Ñ   L   A   L   E
        dice:                   viento y a dejar que los   El fuego chisporro-  males, se reía de los     C   U   G   E   H   O    R   R   E   I   H
           —Antes de que los    ancianos guardaran las  teó. Un murmullo de     hombres fuertes y de los  S   O   S   E   C    R   E   T   O   R   L
        hombres conocieran el   palabras como si fue-   viento recorrió la aldea,  espíritus del bosque.
        hierro y el fuego, el   ran semillas.           como si los espíritus se   Decían que no tenía
        mundo estaba hecho         Porque cuando un     acercaran a escuchar.   miedo a nada, y por eso
        de soles y lunas.       anciano muere, arde     Ma’Zuli entrecerró los  los ancianos murmura-
           Un sol nacía cuando  una biblioteca entera   ojos, y con una voz tan  ban su nombre en voz
        un niño reía, y una luna  —así decía Mandela, y  baja que los niños tuvie-  baja, para no desper-
        nueva brotaba cuando    tenía razón.            ron que inclinarse hacia  tar su atención.
        una madre cantaba a        Ma’Zuli mira a los   adelante, comenzó:         Una brisa fría cruzó
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