¡Qué lindo es ganar, y continuar en la competencia! Me llamó la atención ver algunos jugadores llorando desconsolados al terminar el partido desclasificados. Entendemos la desilusión tan grande y las emociones muy fuertes que lo expresan.
Recuerdo una advertencia que dio Jesús al público de su día. Hablaba a gente que aspiraba entrar al reino de Dios y compartir su victoria. Se creía “buena gente” que merecía ser aceptada. Mateo 7:21-23 nos sorprende. «No todo el que me dice: “Señor, Señor”, entrará en el reino de los cielos, sino EL QUE HACE la voluntad de mi Padre que está en los cielos. En aquel día, muchos me dirán: “Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?” Pero yo les diré claramente: “Nunca los conocí. ¡Apártense de mí, obreros de la maldad!”
Si quedar fuera de la Ronda por la Copa es una fuerte desilusión, ¿qué de aquel momento?
Para quien deseaba estar y permanecer, descubrir que no clasifica será terrible. Para quien nunca le importó, no creyó, ni se preocupó, igualmente será terrible vislumbrar su inmensa pérdida y horrenda consecuencia. Las palabras de Jesús son calculadas para despertarnos a la realidad y a la necesidad de prepararnos debidamente.
Jesús “se pasó” para rescatarnos de la perdición. No se conformó con enseñarnos; vino a morir, ocupando el lugar del juicio de Dios que nosotros merecíamos. Advirtió en Juan 14:6: «Yo soy el camino, la verdad, y la vida. Nadie viene al Padre sino por mí.» Nadie tiene excusa por encontrarse no preparado. Cristo hizo todo y nosotros tan solo tenemos que reconocer nuestros pecados y aceptar el perdón por medio de Jesús.
No esperes la eliminación para reaccionar. «Prepárate hoy para venir al encuentro de tu Dios».




