Hay fuegos artificiales, sabores, olores y flores artificiales, y ahora para colmo, apareció la inteligencia artificial. Es bastante normal que se pretenda que lo artificial sea mejor que lo natural, aunque a la larga, terminamos reconociendo que no hay como lo natural. En la mesa de postres, siempre voy a buscar la crema, la natural ¡de vaca!
Esta mañana, leyendo en la Biblia en Marcos capítulo 7 versículo 6, me chocó cuando Jesús de primera, contestó a un grupo de personas llamándolos “hipócritas”. No parece muy políticamente correcto. Surge cuando estas personas se acercaron a Jesús para llamarle la atención a algo que consideraban una falta. Preguntaron, ¿por qué tus discípulos no siguen la tradición de los ancianos, sino que comen con manos impuras”?
Como se explica antes, estos religiosos “si no se lavan las manos muchas veces, no comen”; o sea que no era por simple higiene, sino como ritual. Jesús continuó citando un texto de Isaías: «Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. No tiene sentido que me honren, si sus enseñanzas son mandamientos de hombres».
Jesús elaboró más la idea: «Lo que contamina es lo que sale de la persona. Porque de adentro del corazón humano salen los malos pensamientos, la inmoralidad sexual, los robos, los homicidios, los adulterios, las avaricias, las maldades, el engaño, la lujuria, la envidia, la calumnia, la soberbia y la insensatez. Todos estos males vienen de adentro y contaminan a la persona.»
Ante Dios, estamos contaminados. Pero en vez de lanzarnos a todos a la perdición, Dios en su amor, ofrece perdonarnos y limpiarnos de todos nuestros pecados por medio de la muerte de Jesús en nuestro lugar. Por Jesús, podemos ser “nuevas personas”.
En medio de tanta artificialidad, ¡seamos auténticos!




