¡Nuestras vidas dependen de los ingenieros, así como de otros profesionales! Gracias a Dios por su diligencia en los estudios y luego en su trabajo. ¡Cuántas cosas usamos todos los días, sin pensar siquiera, de cuánto han aliviado nuestras vidas!
Aunque pueda fascinarme algún aparato, disfruto a más no poder salir de noche a mirar un cielo oscuro pero lleno de estrellas. No sé qué es, pero ver ese inmenso espacio insondable con esa millonada de lucecitas suspendidas en la nada – ¡es magnífico! Me lleva el pensamiento al Salmo 8: «cuando contemplo el cielo, obra de tus dedos, y la luna y las estrellas que has creado, me pregunto: ¿Qué es el hombre, para que en él pienses? ¿Qué es la humanidad, para que la tomes en cuenta?… Señor y Dios nuestro, ¡cuán glorioso es tu nombre en toda la tierra!»
Este Ingeniero del universo es el mismo Ingeniero de nuestra salvación; es el mismo Jesús que diseñó en el principio el plan de venir a este mundo que hizo a salvar al hombre que hizo, haciéndose hombre, a fin de morir, sufriendo el castigo de nuestros pecados. Fue él quien dijo: «voy a preparar un lugar para ustedes, y volveré a buscarles, para que donde yo estoy, ustedes también estén.» Él es quien nos atrae hacia él, que nos hace conscientes de nuestros errores y rebeldías, y que nos inspira a creerle.
Como el ingeniero que ama y cuida las cosas que hace, Dios nos ama y no nos abandona. El hijo pródigo volvió al Padre, el ladrón en la cruz clamó a Jesús: Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino. Y tú, ¿reconocerás al Ingeniero de tu ser? ¿Creerás en el Ingeniero de tu salvación eterna? ¿Caminarás día a día siguiendo su guía? Él te llama y te espera.




