Bentancur

Entrevista imposible: una tarde en los jardines de Moctezuma II

POR: ARTURO BENTANCOR – ENVIADO ESPECIAL A TENOCHTITLAN (1519)

Hace ya algunas ediciones, Arturo Bentancor —exalcalde y creador de nuestro Ciber Mate— sorprendió con su “entrevista imposible” a Leonardo da Vinci. Aquella experiencia, construida a partir de un diálogo creativo con ChatGPT, despertó reacciones simpáticas entre los lectores y, de paso, abrió una curiosa puerta para asomarnos al carnaval y al fútbol en la Florencia del Renacimiento.
Entre comentarios y bromas le dijimos, sin mayor pretensión, que cualquier día lo veríamos conversando con Hernán Cortés sobre el “fútbol” del 1500 en Tenochtitlán.
Pasaron los días y Arturo reapareció: había cambiado un almuerzo por charlas con Gemini, luego con GPT y otras inteligencias, hasta enviarnos dos nuevos diálogos. Las urgencias de cada edición postergaron la lectura, pero finalmente nos detuvimos en su trabajo: un recorrido que va desde nuestros orígenes en el actual estado de Guerrero, hasta el sabor del chocolate, los rituales del fútbol, la soledad del poder y el deber de sostener la memoria. Compartimos ahora, en exclusiva, el diálogo creativo de Arturo Bentancor con ChatGPT: otra de sus entrevistas imposibles.

La brisa que cruza el lago Texcoco trae un alivio momentáneo al calor del mediodía. Me encuentro en una estancia del palacio de Axayácatl. Visto mis ropajes de tripulante — jubón de cuero, calzas raídas y botas de viaje—, una vestimenta que contrasta violentamente con el lujo silencioso de mi anfitrión. Frente a mí, sentado en su icpalli (trono de madera fina y juncos) y rodeado de flores cuyo perfume es desconocido en mi Colonia natal, está el Huey Tlatoani Moctezuma Xocoyotzin.

I. El Protocolo y la Limpieza: dos mundos en choque

Arturo: (Me mantengo de pie, con la libreta en mano y una inclinación de cabeza respetuosa. Noto que sus servidores se horrorizan cuando intento dar un paso hacia adelante. Retrocedo un poco, con calma y curiosidad). Gran Tlatoani, agradezco que permitas a un simple hombre de mar conversar contigo. Mis compañeros dicen que eres un dios, pero yo veo en tus ojos la carga de un hombre que entiende el peso de la historia. ¿Es cierto que nadie puede tocarte ni mirarte directamente?

Moctezuma II: (Me observa con una mezcla de lástima y fascinación. Sus manos, adornadas con anillos de oro y turquesa, descansan sobre sus rodillas. Hace un gesto casi imperceptible a sus guardias para que se relajen). El hombre del mar tiene ojos que buscan la verdad… eso es raro en los tuyos. No es que mis pies sean sagrados por orgullo, sino porque representan el equilibrio de esta tierra. Si yo caigo, el orden de Tenochtitlan cae. Pero dime… (Se inclina levemente hacia adelante, arrugando un poco la nariz), ¿es costumbre en vuestras naves no tocar el agua? Tu olor y el de tus capitanes es… denso. Como el de una bestia que ha corrido mucho tiempo bajo el sol.

Arturo: (Siento una punzada de vergüenza y sonrío con honestidad). Tienes razón. Venimos de un mundo donde el baño no es una prioridad diaria. A veces pasamos meses en el mar con la misma ropa. ¿Es verdad lo que dicen, que tú te bañas dos veces al día?

Moctezuma II: (Asiente con naturalidad, como si hablara al respirar). Por supuesto. Dos veces en el palacio y a veces en los baños termales de Chapultepec. Aquí, la limpieza es dignidad. Tenemos acueductos que traen agua pura desde las montañas y miles de hombres limpian nuestras calles cada mañana. He oído que en vuestras ciudades —Sevilla, dicen— arrojan los desperdicios a la calle. ¿Cómo pueden vivir así? Tenochtitlan tiene doscientos mil habitantes, más que cualquier ciudad que tú hayas visto, y sin embargo, el aire aquí es puro. La suciedad del cuerpo nubla el juicio del alma.

II. El Ulama: pasión, ritual y sangre

Arturo: (Anoto rápidamente: Priorizar higiene en la nota para Colonia. Ejemplo de civilización). Es un punto que nos vendría bien aprender para el futuro. Pero hablemos de algo que nos une: la pasión por la competencia. He visto a tus hombres jugar con una pelota de hule macizo. Nosotros en el Río de la Plata, dentro de muchos siglos, llamaremos a algo parecido «fútbol».
Pero el tuyo parece… más peligroso. ¿Cómo se juega realmente al Ulama?

Moctezuma II: (Sus ojos se iluminan con una leve sonrisa que aparece en su rostro y se endereza en el trono). Sí. Aunque no lo llamarías «juego» como ustedes lo entienden. Lo llamábamos ôllamaliztli, a ustedes llegó como Ulama.
Dos equipos. Es un baile con los astros. Usamos una pelota de caucho, hule que sacamos de la resina de los árboles de la costa. Es pesada, tanto que puede romperte un hueso si te golpea mal.
Solo permitimos golpearla con la cadera, el codo o la rodilla. (Se levanta y hace un movimiento ágil de cadera, imitando el golpe). El objetivo es pasarla por un anillo de piedra en lo alto de la pared. Si eso sucede, es un milagro.

Arturo: (Intervengo con curiosidad). ¿Y qué pasa con el ganador? En mi mundo, el ganador se lleva la gloria y el dinero. Aquí he oído rumores de sacrificios… ¿Es un deporte o una ejecución?

Moctezuma II: (Vuelve a sentarse, su rostro se torna serio de nuevo). No lo entiendes porque separas la diversión de lo sagrado. En el ôllamaliztli, los jugadores representan la lucha entre la luz y la oscuridad. A veces, el capitán del equipo perdedor —o incluso el ganador, según la fiesta— es entregado a los dioses. No es una ejecución, es una graduación hacia lo eterno. Morir en el campo de juego es la forma más alta de honor. ¿Acaso tus futbolistas no dicen que «darían la vida por la camiseta»? Nosotros simplemente lo hacemos realidad.

III. El Carnaval y la fiesta de Toxcatl

Arturo: (Reflexiono en silencio sobre la intensidad de su entrega). Es una visión poderosa, aunque difícil de digerir para nosotros. Cambiando de tema, terminó Carnaval en mi departamento. Es una fiesta en la que usamos máscaras, hay murgas que cantan verdades al poder y el pueblo se descontrola en alegría. ¿Tienen un momento del año en que el orden se rompa así?

Moctezuma II: (Cruza los brazos, interesado). ¿Máscaras y cantos? Nuestra fiesta de Toxcatl es similar en color, pero distinta en propósito. Durante un año entero elegimos al joven más hermoso de la ciudad. Lo vestimos como el dios Tezcatlipoca, le damos cuatro esposas y la gente lo adora en las calles. El día de la fiesta, él rompe sus flautas una a una mientras sube al templo para ser sacrificado.

Arturo: (Repregunto asombrado). Pero entonces, ¿la fiesta termina en tristeza? En el Carnaval, el entierro del Rey Momo es una parodia, pero aquí es real. ¿Dónde queda el espacio para la risa, para el juego de los niños?

Moctezuma II: (Me mira con paciencia, como un maestro a un alumno). La risa está en el mercado, en los hogares. Pero la fiesta pública es para recordar que la vida es frágil. Nuestras máscaras de turquesa y obsidiana no son para burlarse de nadie, sino para invocar fuerzas que no comprendemos. Si tus murgas cantan al poder, nosotros bailamos para que el sol siga su camino. Quizás vuestro Carnaval es un recuerdo de que una vez supieron que la alegría es una forma de resistencia contra el tiempo.

IV. Gastronomía y el Xocolatl

Arturo: (Decido relajar el tono). He visto que te sirven cientos de platos distintos cada día. Nosotros somos gente de asado y pan. ¿Qué es ese brebaje oscuro que bebes en copas de oro y por qué te sirven tanto?

Moctezuma II: (Hace una señal y un servidor me acerca una jícara de barro con un líquido espumoso). Es Xocolatl. Es la sangre de la tierra. Lo bebemos amargo, con vainilla, pimienta y chile. No usamos azúcar, eso es un invento extraño de ustedes. Yo consumo cincuenta tazas al día; me da fuerza para gobernar y claridad para ver lo que viene. (Me invita a probarlo). En cuanto a la comida, mis cocineros preparan trescientos platos: venado, pavo, pescado traído por corredores veloces desde el mar esa misma mañana… pero solo elijo lo que mi cuerpo necesita. El exceso es para los hombres débiles.

V. Un mensaje para el futuro de Colonia

Arturo: (Pruebo el chocolate y el picor me hace carraspear, pero el aroma es celestial). Es fuerte, como todo aquí. Moctezuma, mi tiempo está marcado por la prisa. En Juan Lacaze y en Colonia del Sacramento, la gente corre para trabajar, para comprar, para sobrevivir. Tú vives en una ciudad que parece una obra de arte, pero sé que sientes que algo está por terminar. Si pudieras enviar un mensaje a los uruguayos del siglo XXI, ¿qué les dirías?

Moctezuma II: (Se queda en silencio por un largo rato. Sus ojos se fijan en el humo del copal que sube hacia el techo). Les diría que cuiden sus aguas. Tenochtitlan es una joya sobre un lago, y si el lago muere, la ciudad muere. Les diría que no se olviden de sus muertos ni de sus raíces. Ustedes caminan sobre tierras que tienen memoria, y si ignoran esa memoria, caminarán perdidos. (Se levanta, indicando que la audiencia termina). Tu curiosidad es tu mayor tesoro, hombre del mar. No dejes que la «razón» de tu mundo mate tu capacidad de asombro. El pasado no ha muerto, solo está esperando que alguien aprenda a escucharlo de nuevo.

Arturo: (Me levanto y esta vez, hago una reverencia profunda, sintiendo que he aprendido más en esta hora que en años de libros). Gracias, Huey Tlatoani. Tus palabras estarán el viernes en las manos de miles de lectores.-


Glosario del Imperio Mexica:

Huey Tlatoani: gran orador o gobernante supremo.
Icpalli: asiento o trono ritual de mando.
ôllamaliztli: nombre sagrado del juego de pelota.
Xocolatl: bebida amarga de cacao.
Copal: resina aromática para rituales.
Jícara: recipiente hecho de la corteza de un fruto.


Lo que debes saber de aquel chocolate

• Se elaboraba con granos de cacao tostados y molidos, mezclados con agua (nunca leche). Se aromatizaba con especias como vainilla (tlilxóchitl), chiles picantes, flores secas, pimienta gorda y, a veces, miel de maguey o achiote para darle un color rojizo.
• La espuma era el elemento más valorado. Para lograrla, la bebida se trasvasaba repetidamente de un recipiente a otro desde cierta altura hasta que se formaba una espuma densa y persistente.

El recipiente: la jícara

Se servía en jícaras (vasijas hechas con la corteza del fruto del árbol de güiro), que a menudo estaban finamente pintadas o adornadas. En los banquetes reales de Moctezuma, estas jícaras se colocaban sobre rodetes de cuero o bases de metal para que no tocaran directamente la mesa.

Uso y protocolo

Bebida de élite: solo el Huey Tlatoani, los nobles (pipiltin), los guerreros destacados y los grandes comerciantes (pochtecas) tenían permitido consumirlo. Para el pueblo común, el cacao era demasiado valioso, ya que se usaba como moneda.
Energizante: se consideraba una bebida que otorgaba fuerza y claridad mental. Se decía que Moctezuma consumía grandes cantidades antes de visitar a sus esposas o antes de ceremonias importantes.
Temperatura: generalmente se consumía frío o a temperatura ambiente, a diferencia del chocolate caliente europeo posterior.


Lo que no puedes dejar de saber

Higiene: Tenochtitlan tenía un sistema de recolección de residuos orgánicos que se usaban como abono. ¡Eran pioneros en reciclaje!
Población: en 1519 Tenochtitlan era cinco veces más grande que Madrid.
Chocolate: para los aztecas, el cacao era moneda de cambio. Un esclavo podía costar 100 granos de cacao. Se servía amargo, con ají picante.

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