Cada 1.º de setiembre se conmemora el Día Mundial de la LLC, la leucemia más frecuente en adultos. En Uruguay se registran 5,65 nuevos casos cada 100.000 habitantes por año. Puede descubrirse por casualidad en un análisis de sangre y su evolución es muy diferente de una persona a otra.
Una enfermedad que muchas veces no avisa
Un hemograma solicitado como parte de un control puede ser el comienzo de la historia. La leucemia linfocítica crónica (LLC) se caracteriza por la acumulación de linfocitos B anormales y afecta principalmente a personas mayores: la edad media al diagnóstico ronda los 70 años.
A escala mundial se estimaron cerca de 118.000 nuevos casos en 2021 y más de 720.000 personas viviendo con la enfermedad. El número absoluto de diagnósticos ha crecido, en buena medida en un mundo con poblaciones cada vez más numerosas y envejecidas. (PubMed Central (PMC))
Al comienzo puede no haber síntomas. Cuando aparecen, pueden incluir cansancio persistente, ganglios aumentados de tamaño, infecciones recurrentes, fiebre, sudoración nocturna, pérdida de peso o sensación de llenura debajo de las costillas por aumento del bazo. También pueden presentarse moretones, sangrados fáciles o petequias, esos pequeños puntos rojizos o violáceos producidos por diminutas hemorragias bajo la piel. (National Cancer Institute)
Ese último dato necesita una precisión importante: las petequias y los moretones no significan por sí mismos leucemia. Pueden aparecer por distintas causas y deben interpretarse junto con el hemograma, los demás síntomas y la evaluación médica.
Diagnosticar no significa comenzar a tratar
Probablemente sea uno de los aspectos más difíciles de comprender cuando aparece la palabra leucemia en un diagnóstico. En la LLC, esperar puede formar parte del tratamiento.
La normativa vigente del Fondo Nacional de Recursos estima que alrededor del 40% de las personas con LLC nunca requiere tratamiento. En quienes no presentan síntomas ni signos de progresión se mantiene vigilancia médica periódica. La evidencia disponible tampoco ha demostrado un beneficio en comenzar inmediatamente una terapia en las formas tempranas y asintomáticas.
El tratamiento se considera cuando la enfermedad comienza a producir consecuencias: anemia o disminución de plaquetas por compromiso de la médula ósea, crecimiento progresivo de ganglios o bazo, aumento acelerado de los linfocitos o síntomas persistentes como fiebre, pérdida de peso, sudoración nocturna o fatiga marcada.
Por eso la hematóloga Cristina Otero, especialista en Trasplante de Progenitores Hematopoyéticos del Hospital Maciel, subraya que no existe una única respuesta terapéutica: la edad, las enfermedades coexistentes, el riesgo cardiovascular, las preferencias de la persona y las características genéticas de la propia LLC pesan a la hora de decidir qué hacer y cuándo hacerlo.
De la quimioterapia a tratamientos que buscan el punto débil de la célula
Uno de los grandes cambios de los últimos años es que ya no todas las estrategias dependen de la quimioterapia. Las llamadas terapias dirigidas actúan sobre mecanismos concretos que las células malignas necesitan para sobrevivir.
Los inhibidores de BTK, como ibrutinib, bloquean una proteína que interviene en las señales de supervivencia y multiplicación de los linfocitos B. El compuesto que dio origen a ibrutinib fue desarrollado inicialmente por científicos de Celera Genomics, en Estados Unidos, y posteriormente adquirido y llevado adelante por Pharmacyclics, con participación de Janssen en su desarrollo clínico. (PubMed Central (PMC))
El camino de BCL2 comenzó en Australia. En 1988, el científico David Vaux, del Walter and Eliza Hall Institute de Melbourne, demostró que esa proteína podía mantener vivas a células cancerosas al impedir su muerte programada. Décadas de investigación desembocaron en venetoclax, desarrollado en colaboración entre investigadores australianos, AbbVie y Genentech. El medicamento bloquea esa protección y permite que la célula maligna reactive su mecanismo de muerte. (WEHI)
Son avances que cambiaron la evolución de la enfermedad. Datos estadounidenses muestran actualmente una supervivencia relativa a cinco años cercana al 90%, aunque estas cifras describen poblaciones y nunca permiten pronosticar qué ocurrirá con una persona determinada. (SEER)
Uruguay también investiga, pero el acceso sigue siendo parte de la discusión
El país no está ajeno a esa búsqueda. La Sociedad de Hematología del Uruguay mantiene registros nacionales de LLC y el Institut Pasteur de Montevideo cuenta con un laboratorio dedicado específicamente a estudiar los mecanismos de origen, progresión y resistencia a los tratamientos de esta leucemia. (shu.com.uy)
En materia de cobertura, el Fondo Nacional de Recursos financia actualmente, bajo determinadas indicaciones, rituximab, bendamustina e ibrutinib para personas con LLC. Otras terapias que forman parte del arsenal disponible internacionalmente no integran hoy esa normativa específica, de octubre de 2025. (Ministerio de Economía y Finanzas)
Allí aparece uno de los asuntos planteados por los especialistas en este Día Mundial: la investigación ya consiguió modificar profundamente las posibilidades terapéuticas; el paso siguiente es lograr que esos avances puedan llegar de manera oportuna y equitativa a quienes los necesitan.
Y quizá ésa sea también una manera más humana de hablar de esta enfermedad: ni cada pequeña marca en la piel anuncia lo peor, ni un diagnóstico obliga necesariamente a comenzar una batalla inmediata. Entre ambos extremos están los controles, el conocimiento médico y una ciencia que, en pocas décadas, cambió mucho el horizonte de la LLC.



