Si me estoy ahogando en el río, existen una docena de maneras en que pueda ser rescatado. Para ir del interior a Montevideo, existen muchas rutas y caminos para llegar.
Llegando cerca de su crucifixión, Jesús habló muy directamente con sus discípulos sobre el “más allá”. Juan 14 registra: «En la casa de mi Padre hay muchos aposentos, así que voy a preparar un lugar para ustedes, para que donde yo esté, también ustedes estén. Y ustedes saben a dónde voy y saben el camino».
Si fueras uno de los discípulos, ¿qué le responderías a Jesús? ¿Dirías: «no te preocupes Señor; que todos los caminos conducen a Roma; de alguna forma llego»? ¿Dirías: «Lo tengo ganado Señor; no he hecho mal a nadie, nunca robé ni maté; espero que Dios me va a aceptar allá arriba»? Fíjate cómo respondió Tomás: «Señor, no sabemos a dónde vas; ¿cómo podemos saber el camino?»
La respuesta de Jesús a Tomás fue clave para los discípulos y para nosotros también. «Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.» El camino al cielo es único; es Cristo. La verdad sobre el acceso a Dios Padre es única; es Cristo. Y la vida proviene de y depende de Cristo. No hay opción: «nadie viene al Padre sino por mí.»
Ésta es una de las cosas que hace que la Biblia sea un libro único. Ningún otro libro presenta un medio único de salvación que no dependa del individuo. Todos exigen que hagamos esto o aquello, o mejor dicho, esto y aquello, y presentan una larga lista de obligaciones. Sólo Jesús tiene las credenciales para decir: «El que en mí cree, tiene vida eterna y no vendrá a condenación, más ha pasado de muerte a vida».




