Lo poco que sé de la construcción me indica la importancia de los cimientos. Vivo en una casa más vieja que yo – ¡no, no, los ladrillos no están montados en barro! – pero cuenta, sí, con unos 80 años. Sin embargo, las paredes están sanas, cosa que indica que los cimientos se hicieron bien. En cambio, he observado casas mucho más nuevas que ya lucen grietas. Por cierto, hay suelos complicados, que exigen especial cuidado, justamente en los cimientos.
Nuestras vidas también dependen de sus cimientos. Influye mucho la familia, pero cada vez más está fallando esta institución social. ¿Qué esperanza podría tener un joven rodeado de desorden, vicios, gritos, violencia y abandono? Es como el suelo complicado, que necesita un buen fundamento. ¡Gracias a Dios, lo hay!
En el Sermón del Monte en Mateo 7, Jesús concluyó sus enseñanzas diciendo: «A cualquiera que me oye estas palabras, y las pone en práctica, lo compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. Cayó la lluvia, vinieron los ríos, y soplaron los vientos, y azotaron aquella casa, pero esta no se vino abajo, porque estaba fundada sobre la roca. Por otro lado, a cualquiera que me oye estas palabras y no las pone en práctica, lo compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena. Cayó la lluvia, vinieron los ríos, y soplaron los vientos y azotaron aquella casa, y esta se vino abajo, y su ruina fue estrepitosa.»
Pablo dijo en 1 Corintios 3:11: «Nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo.» ¿Has afirmado tu vida en Jesucristo para tu salvación eterna? ¿Orientas tus actitudes y tu conducta conforme a Sus enseñanzas? ¿Estás leyendo la Biblia para conocer a Dios y su voluntad? ¿Es Jesús tu fundamento?




